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viernes, 27 de abril de 2012


ABRIL 27



Recordemos, en su día, a Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los Obispos latinoamericanos. Por eso, para nosotros, hoy es el día del Obispo o de los Obispos.

Toribio nació en León (España) en el siglo XVI. Cuando tenía 40 años de edad, fue enviado a América, como Arzobispo de Lima (que abarcaba desde Paraná hasta el Río de la Plata).

Convocó Sínodos y construyó parroquias e hizo y traducir el Catecismo a las lenguas Quechua y Aymará.

Amó a sus feligreses (tanto indígenas como españoles) pero fué inflexible con los que explotaban al indio, aplicándoles la pena de excomunión.

Construyó el primer Santuario mariano y no dejaba de estudiar los dialectos locales, para poder hablar con los aborígenes (por ejemplo: les hablaba en quechua).

A pie y a mula, recorrió miles de kilómetros (unos 40.000, en total) haciendo sus visitas pastorales (cruzando ríos y escalando montañas). Entre estos actos pastorales, le administró la Confirmación a Santa Rosa de Lima.

Murió un Jueves Santo, a los 68 años de edad, cantando Salmos con algunos sacerdotes.



Pidamos, por intercesión de María, Estrella de la Nueva Evangelización, y de Santo Toribio de Mogrovejo, tener, en nuestra pastoral: claridad de Doctrina, ardor en la misión, comprensión de hermano, y caridad en el diálogo; confianza ilimitada en la Providencia y predilección por los últimos y despreciados… Que así sea.

P. José Luis Carvajal (de mi libro: “Meditaciones diarias de paz y alegría”, Editorial “Santa María”, Buenos Aires, Argentina).

lunes, 9 de abril de 2012

PASCUA DE RESURRECCIÓN



Jesús resucita de entre los muertos y nos pide creer en Él y, para eso, nos da signos de su existencia.
Toda decisión en nuestra vida (luego de un profundo y prudente discernimiento) es un llamado a vivir un nuevo Éxodo y una nueva Pascua. Porque nuestras decisiones suponen, muchas veces, la valentía de afrontar la “muerte”, los “duelos” o las “despedidas”, necesarias para vivir una “vida nueva” o para pasar “de la muerte a la vida”. “La Resurrección nos permite entrar en comunión con Cristo, por encima del espacio, el tiempo y la materia. Un encuentro, por medio del cual, Cristo Resucitado va transfiriéndonos su propia Vida de Resucitado...” (P. Hugo Orsi).
“La Resurrección de Cristo no es, simplemente, el recuerdo de un hecho pasado... Por eso, Jesús dice: `El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y (...) ha pasado de la muerte a la vida´ (Jn 5, 24). Y, en el mismo sentido dice...:`Yo soy la resurrección y la vida´(Jn 11, 25). Jesús es la resurrección y la vida eterna. En la medida en que estamos unidos a Cristo, ya hoy hemos `pasado de la muerte a la vida´, ya ahora vivimos la vida eterna, que no es sólo una realidad que viene después de la muerte, sino que comienza hoy en nuestra comunión con Cristo... Despertémonos de nuestro cristianismo cansado, sin entusiasmo; levantémonos y sigamos a Cristo, la verdadera luz, la verdadera vida...” (Card. Ratzinger, Vigilia Pascual, 26/3/2005).
Seguir a Jesús es saberse, como Él, infinitamente amado por el Padre Dios. Seguir al Señor es no buscar saciarse con las cosas engañosas de este mundo... Seguir a Cristo Resucitado es repetir, cada día, y cada instante, junto con Él: “...Padre... que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mc 14, 36).
Seguir al Maestro es anunciar el Evangelio, porque hay muchos que todavía no lo conocen y, por tanto, viven en la mayor de las oscuridades y confusiones... Seguir a Jesús Resucitado es comprometernos, con todo nuestro amor, en nuestra familia, en nuestro escuela o trabajo, en nuestra Patria, con sacrificio y responsabilidad. Porque la Voluntad del Señor es nuestra salvación, nuestro bienestar, nuestra dicha y felicidad más profunda; por eso nos dijo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
Por último, Jesús Resucitado, con su Amor, nos hace más libres, y escribe el p. Víctor Fernández (en “Los 5 minutos del E. Santo): “porque Él es pura libertad. Si no dejo que Él me impulse, entonces me dejo impulsar por mis deseos, mis insatisfacciones, mi necesidad de poseer y, así, cada vez necesito más cosas para sentirme bien, y nada me conforma... ¿Quién puede decir que tiene un corazón libre si está infectado y ahogado por los rencores, las tristezas, los deseos egoístas, el orgullo, y nunca se siente satisfecho, y va perdiendo la alegría en ese dolor de la insatisfacción?..
Oración

Señor de mi vida, no permitas que pierda la serenidad y la alegría por cosas que no valen tanto. Sólo abandonándome a ti podré sanar mis angustias, sabiendo que nada de este mundo es absoluto.
Señor mío, dame un corazón humilde y libre, que no esté atado a las vanidades, reconocimientos, aplausos. Dame un corazón simple, que sea capaz de darlo todo, pero dejándote a Ti la gloria y el honor.
Jesús (Resucitado) te proclamo Señor y Dueño de todas mis cosas, de todo lo que vivo, de todo lo que soy y de todo mi futuro...
Ayúdame a reconocer los desafíos del mundo de hoy, para que pueda ofrecer mi humilde aporte.
En un mundo que está perdiendo muchos valores preciosos, enséñame a comunicar el estilo de vida de tu Evangelio.
En un mundo donde crecen el individualismo, la competencia y las divisiones, conviérteme en un instrumento de diálogo, de unidad y de paz...
Atráeme, (Señor Jesús Resucitado), hacia tu Amor sin límites, hacia ese abismo de Vida que eres Tú.
Llévame contigo hasta las cumbres de la vida mística, para que conozca todo lo que eres capaz de hacerme probar... Quiero entrar en tu amistad con toda mi sinceridad, para que bañes, con tu Luz, todo lo que vivo.
Toca mi interior, mi Dios, para que viva de Ti, para que sepa de verdad que, en Ti, está la fuente de la vida (y, contigo, pueda sembrar) comunión fraterna, justicia y solidaridad, (hasta que lleves a) la salvación definitiva... (hasta la Fiesta sin fin, de la Vida eterna)”.


¡Muy feliz y santa Pascua! Padre José Luis Carvajal (Buenos Aires, Argentina).